martes, abril 10, 2007

Apuntes de la P. G

Las personas que viven en el campo son naturalmente sencillas, tanto en la vestimenta como el lenguaje, las comidas o su vida. Son trabajadoras y tranquilas, los ruidos extraños las asustan y el pueblo las marea. En campaña, uno es el mismo descalzo que con zapatos, y en la ciudad, para ser alguien , necesitás vestir marcas. Cantan el himno nacional con el sombrero sobre el corazón. Tienen una fiesta en el año, la Patria Gaucha, la fiesta del norte, del pago más grande de la patria como anuncia un cartel en la entrada de Tacuarembó. En esa semana de festejos se reúnen con otros paisanos, llevan sus mejores vestimentas y estrenan sus mejores caballos. Pasean a caballo o caminando, vestidos con bombacha, rastra, facón de plata, camisa blanca y, algunos, chaleco de cuero. Su moda es la misma que hace siglos. Las vidrieras de Tacuarembó ofrecen prendas de última moda junto a los vestidos de las chinas y las bombachas, la fajina, la boina y las botas de los gauchos. Los niños quieren ser jinetescuando sean grandes , se sacuden arriba de un tronco y revolean un trapo.
Estoy en una habitación de un rancho de barro y paja, y escribo en una libretita: "La nena no llega a la barra de la parrilla. El padre pide a gritos al mozo una coca. El murmullo de los clientes de las mesas se mezcla con la música en vivo de un payador. Todo es confuso: el humo y el olor a asado."
Cruje la puerta de madera del rancho. Con permiso, anuncia un gaucho, y sorprendido al encontrarme, se saca el sombrero para entrar. Camina en puntas de pie, con un vaso de plástico en la mano, hasta las damajuanas de vino. Disimulo, muevo la lapicera mientras lo miro de reojo. Él también me mira. Voy a probar la Parmalat. Claro, como si sus cachetes colorados no delataran sus otras catas. Le sonrío cómplice.
"El mozo les trae lo ordenado. Las manos hinchadas y ásperas del padre le entregan un billete de mil pesos, tal vez los únicos que le quedan. El mozo no entiende lo que le pide la nena, ¿querés agua o Fanta? Te la cambio." Desaparece el gaucho con su vaso lleno de vino, su facón de plata y sus pasos silencioso.
Bombilla!, grita la nena entre el ruidaje del lugar, ¡bombilla! El mozo le entrega una pajita."

sábado, marzo 31, 2007

Cyber


Tuve que venir a un cyber por problemas con la conexión al infinito cibernético.
_Si Mateo los mata, yo los mato.
_No quiero ser terrorista, quiero ser policía, mirá paso Nacho.
_Diego sos una miérrrrcoles.
_ No sé ni con quien soy. Rodrigo, me pegas de nuevo y te fajo.
Cuatro liliputienses gritan excitados e hipnotizados frente a las pantallas de la computadora. Están conectados. No llegan ni a los 8 años y uno, casi no alcanza el teclado. Teclean, machacan fervorizados.
_Mateo vamos a cagar a tiros al que se aparezca.
_ ¿Ehh?
_Al que se aparezca, lo cagamos a tiros.
Busco desesperada los auriculares. Carpeta de música, Ricardo Montaner, regetón gasolina, cumbia, ¡¿no hay más?! O sea, escucho a los niños conjugar a gritos el verbo matar o me fundo en los chillidos de Ricardo Montaner.
_¡Ah no me maten, no me maten!
BASTA. La vocecita del más chico grita. Lo busco, tiene la frente arrugada, la pantalla se refleja en su rostro desesperado. ¿¿¿Dónde están los padres??? ¡¿Dónde está el volumen?! Escucho Montaner al máximo.
A mi lado, una pareja con más de seis décadas encima, escribe un mail. El tipo teclea una letra y mira la pantalla con los ojos desorbitados como un niño que se asusta ante algo nuevo, teclea y mira, mira y teclea, y los niños que no paran de teclear y gritar, gritar y teclear.


miércoles, marzo 28, 2007

Pies


Resulta imposible mantenerse callada ante tanta degradación. En la vida se debe denunciar los atropellos como el que comete la lengua castellana al adjudica sólo una sílaba a algo tan importante como son los pies. Los asfixiamos, los apretujamos dentro de los límites de un 37/38, dependiendo de la horma, sostienen nuestra masa corporal y soportan las inclemencias de los zapatos. Debería tener un nombre más rimbombante como piesioloxia o soportalina, tal vez no sean los mejores, pero tienen más sílabas, aunque lo bueno viene en frasco chiquito, mido 1,61. Hay que mimar a los pies, masajearlos y dejarlos que caminen por la vida, que conozcan lo malo y lo placentero de los pisos. Desde mi 1,61 clamo justicia y clemencia para los sacrificados pies.

Recuerdo


Eran las 6 de la tarde. Casi no se distinguían los árboles por la oscuridad. Caminaba contigo por el parque de Kensington. ¿De qué hablábamos? no me acuerdo, pero se nos pasó el tiempo casi sin darnos cuenta. Fuimos hasta la verja. El parque estaba cerrado. Pasaste por encima de la verja puntiaguda y entre las sombras apareció un hombre que en cockney te dijo algo como take care, o por lo menos eso es lo que entendí. El hombre no dijo ni hizo nada más. Me ayudaste a saltar. Cuando volvimos a escuchar el tránsito capitalino, tenías una mirada pícara, me preguntaste si había entendido lo que dijo el tipo. No, no lo entendí. Que tratara de conservar los huevos.
Con cariño,

sábado, marzo 17, 2007

Personaje andante, andante personaje, cantante anda y anda cantante

Llego tarde. Paro al 121. Abren las puertas y escucho a un barítono gastado cantar: Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez. Busco instintivamente la fuente de la música y encuentro la mirada de un setentón, casi sin dientes, que canta con los brazos abiertos en el fondo del ómnibus y, sin poder evitarlo, me sonrojo. Los rayos del Sol se cuelan entre los nubarrones. Molto piccere, me dice el cantante mientras se despide con el gorro, y sin poder evitarlo, le sonrío. Siento la respiración de la anciana sentada a mi lado, en el asiento de maternidad, que acerca tanto su mirada que veo en primerísimo primer plano los surcos de sus arrugas. Se cierran las puertas como los toldos del teatro y el barítono desaparece con su gabardina y maleta en perfecto estado, y en mi mente resuena Bésame, bésame mucho...