domingo, agosto 12, 2007

En portugués

Esta noche se escribe en portugués. Leo cuentos de Murilo Rubião, cuentos donde los extranjeros los encierran por hacer preguntas, donde los muertos no mueren y donde los vivos padecen por culpa de sus antepasados. Y sin poseer una cultura milenaria, me dejo llevar por su Alexandre Saldaña Ribeiro, su Simplício Santana de Alvarenga y su dudoso don José, en un regocijo fácil como un hambriento que le dan de comer. Al azar dejo una emisora y, luego de un rato, empieza a sonar música brasilera, no la fiestera, sino la tranquila, la que las voces suaves parecen decir cosas lindas. Sí, esta noche parece programada para ser escrita en portugués, en silencio y sin palabras, sólo con acento.

P.d.: Busco imágenes de una noche estrellada como la de hoy y sólo sale la pintura de Van Gogh.

miércoles, agosto 08, 2007

Objeto de estudio

Lugar: espacio compartido en donde se mezclan los sabores, los aromas y los sonidos.
Tiempo: nocturno
Participantes: dos economistas, una psicóloga y yo.
Momento: luego de saciado el apetito.
Caso expuesto: Una familia argentina, el matrimonio y su hija, se fueron a vivir a Alemania. Tuvieron problemas económicos y la nena de diez años era discriminada en el colegio por ser la extranjera. Los prontuarios infantes de sus compañeros se burlaban de la hija y hasta la amenazaron con violarla. Repito, los retrasados maricones de diez años amenazaban con violar a una nena de diez años. La niña de diez años nunca le dijo nada a los padres porque los veía angustiados y preocupados por los problemas económicos. Los padres se enteraron por otros padres del colegio.
Conclusión1: Los mocosos maricones deben ser dañados de igual manera y proporción que la que ellos dañan. ¿O justicia no significa dar a cada uno lo suyo?
Conclusión 2: Desmitificar a los niños como angelitos: pueden ser igual y hasta peor que cualquier adulto. Hay niños que son como las plantas infectadas que se arquean, por eso, se debe enderezarlos.
Conclusión 3: Los seres humanos necesitan sentirse superiores. Denigrar está en la naturaleza humana, acota la psicóloga.
Conclusión 4: Culpa de los padres y la sociedad contemporánea.

Conclusión 5: Los depravados mocosos maricones no deberían poder sentarse por unos días.

martes, agosto 07, 2007

Aquí y allá

Un benteveo y un petirrojo jugueteaban cerca de un Arce en el jardín botánico de Palermo. En el Malba un adolescente se quejó de unas papas que se exhiben en una colección de arte argentino de 1960, cuando se intentó reinventar el arte. La escenografía de la obra, Atendiendo al Sr. Sloane, se adaptaba bien al espacio de la sala del teatro, a pesar de ser un galpón en la Ciudad Cultural de Konex. San Telmo parece Ciudad Vieja por el ambiente añejo de hace siglos y la cantidad de bares. A la tarde, un petirrojo se paseaba entre las mesas de las terrazas de Recoleta. Así es, aquí estoy, por unos días, me escapé a Buenos Aires.

lunes, agosto 06, 2007

Leona


Ella es mi madre. Aunque también podría ser una mula porque su terquedad, a veces, la asfixia. Pero no. Ella es una leona y ayer, 5 de agosto cumplió un año más.

jueves, agosto 02, 2007

¿Qué ves?


Ocurrió una mañana cualquiera. Me levanté intentando recordar el sueño tormentoso que me había despertado cuando, sin previo aviso, sucedió . Así, como cuando acontece lo inesperado e impredecible que sorprende y sobresalta a su presa. Y así, sin más, el ojo izquierdo me susurró. No fueron unas palabras cálidas que se podrían esperar de un elemento fundamental del cuerpo, sino que fueron cortantes y punzantes, hasta criticonas. “¿Te sorprende? ¿Te viste dormir? ¡Eh! A-rro-lla-da como un ovillo de lana. Y querida, las personas normalesss (hizo énfasis en esa palabra, el desgraciado) descansan cuando duermen, y en esa distinción, tú precisamente no entras.” Frenética, me froté los ojos, pero la fastidiosa vocecita no paraba. “Todo el día dale que te dale, de aquí para allá, taladrando el tecleado frente a la computadora.” Corrí al baño para mirarme al espejo, pero lo único que vi fue el ojo izquierdo con su tic, tic, tic, mientras la diabólica voz seguía martillándome la cabeza. “¡Mírate, mírate despojo ojeroso, no te vendría mal algún deporte!” Si esas palabras hubieran sido las únicas, hubiera pensado que era parte del sueño tumultuoso que me había despertado, pero no, el ojo izquierdo no cesaba su parloteo. Debía irme. Era tarde. Me vestí con lo primero que encontraron mis manos y me marché del edificio, tan perturbada que ni siquiera saludé al portero por miedo a que me descubriera el fenómeno parlatán y criticón. “Ah. Ahora soy el malo de la película, ¿dónde quedó la honestidad espontánea? Destruida por una complicidad solapada.” Cállate, cállate, le susurré angustiada. ¡Cállate!, le chillé justo cuando pasaba un transeúnte que me miró desconcertado. No me salió ninguna otra palabra, sonreí y mis piernas caminaron lo más rápido que pudieron hasta la parada. Subí al ómnibus siempre mirando al piso como si ahí encontrara alguna solución. Del piso, mi mirada pasó al paisaje. Sentí la mirada de alguien, voltee al frente y vi a un niño con unos ojazos negros que sostenían la mirada, sin pestañar. “No te mira a ti, quedó hipnotizado por mi belleza natural y mi ritmo acompasado.” El niño sonrió. El padre lo tironeó, habían llegado a la parada. Cerré los ojos.

A partir de aquí puede pasar dos cosas o más:
a) Ese ojo y ella fueron los únicos testigos de algo del pasado (algún suceso insignificante que la traumo).
b) Cuenta en presente lo que le sucede a partir de ese momento y luego ella termina diciendo lo mismo que la voz y la voz desaparece.
c) Está abierta para que puedan completar la historia.