jueves, enero 17, 2008

La tormenta


Ayer, no antes de ayer, el estruendo de los truenos y los relámpagos me levantaron de la cama. A oscuras cerré las ventanas del comedor, cocina, cuartos, y desenchufé la computadora. Sola, me quedé mirándola desde la ventana del cuarto. Llovió con tanta fuerza y sacudía los árboles con tal violencia que parecía que el deshogo era grande. A la mañana, la tierra estaba seca como si lo de anoche hubiera sido un sueño o algo de lo que se pretendía olvidar rápidamente.

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